
Hipertensión: la presión arterial alta como «asesino silencioso»: medir, no suponer

La presión arterial alta es conocida como el “asesino silencioso” porque avanza sin dolor, mareos ni señales de alerta. Sin embargo, tras ese silencio, el corazón y las arterias corren hacia un destino que es trágico cuando no se previene o se trata de manera adecuada, por lo que el primer gran paso para proteger la vida y la integridad propia o de un familiar es el autocuidado.
Asumir que estamos sanos solo porque nos sentimos bien es una apuesta que muchos de nosotros podemos perder, sobre todo cuando tenemos predisposición genética (familiares con hipertensión arterial) y malos hábitos, como fumar o comer con mucha sal. Hoy en día sabemos que, en nuestro país, las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte, siendo la primera causa la presión arterial alta.

Es importante comprender que, en este problema, aunque común, debe de ser tratado de manera personalizada, pues todos somos diferentes y una persona con este diagnóstico puede tener diferentes problemas que otra (edad o hábitos diferentes). Aquí es donde interviene el conocimiento y experiencia del médico, pues es este quien debe de enviar el medicamento adecuado para cada individuo, así como dictar pautas de cambio en el estilo de vida.
No solo es salvar la vida, sino evitar que se pierda la calidad de la misma, ya que la presión arterial elevada con el tiempo puede dañar la vista, los riñones o el corazón mismo, juntándose para llevar al cuerpo a tener aún más problemas, orillándolo a padecer de tal manera que no pueda recuperar su salud.
Si tú o alguien de tu familia vive con hipertensión, recuerda seguir los siguientes consejos:
- Mediciones constantes: Monitorear tu presión en casa te da la tranquilidad de conocer tu salud real. No supongas, mide.
- Apego estricto al tratamiento: Tu medicamento es tu escudo protector. Nunca lo suspendas porque ya te «sientes bien»; si estás bien, es precisamente porque el medicamento está funcionando.
- Hábitos adecuados: Reducir la sal, mover el cuerpo diariamente y buscar espacios para liberar el estrés o carga emocional.
- Revisiones médicas constantes: Asistir a tus consultas permite que tu médico ajuste el tratamiento, protegiendo tu corazón y tu vida.
Cuidar tu presión es cuidar tu vida y a quienes la comparten contigo. No dejes tu bienestar a la suposición: medir es cuidar.
Dr. Gustavo A. Martin Rivero – Especialista en salud pública certificado.
Gerente Médico Marketing Psicofarma



