
La ceguera silenciosa: el glaucoma puede avanzar sin que te des cuenta

Imagina que en tu casa hay una fuga de agua muy lenta dentro de una pared. No escuchas nada, no ves charcos… pero con el tiempo la humedad debilita la estructura y, cuando por fin notas la mancha, el daño ya está avanzado.
Así se comporta el glaucoma: suele progresar sin dolor y sin síntomas evidentes al inicio, y por eso se ha ganado el apodo de “ladrón silencioso de la visión”.
¿Por qué el glaucoma es “silencioso”?
El glaucoma es un grupo de enfermedades que dañan el nervio óptico (el “cable” que lleva la información visual del ojo al cerebro). El daño puede avanzar tan lentamente que el cerebro se adapta y “rellena” lo que falta… hasta que la pérdida se vuelve notoria.
En la mayoría de los casos, el glaucoma empieza robando la visión periférica (la de “las orillas”). Por eso muchas personas siguen leyendo o viendo de frente “bien” y creen que todo está en orden. Es como si tu campo visual se fuera cerrando poco a poco, parecido a mirar a través de un túnel.
¿Y hay un dato clave? Aproximadamente la mitad de las personas con glaucoma no sabe que lo tiene, precisamente porque al inicio puede no dar señales.

En México
La Secretaría de Salud estima que alrededor de 1.5 millones de personas padecen glaucoma en México. Instituciones de salud lo señalan como una de las principales causas de ceguera irreversible en el país.
En el mundo
A nivel global, se estima que 76 millones de personas vivían con glaucoma en 2020, con proyección de superar 111 millones para 2040 (por envejecimiento poblacional, entre otras razones).
Además, se considera una causa importante de pérdida visual y ceguera en el mundo, y gran parte del impacto es por diagnóstico tardío.
Lo más importante: la pérdida de visión por glaucoma suele ser irreversible. Por eso la detección temprana cambia la historia.
¿Qué lo causa?
En muchos casos, el glaucoma se relaciona con un aumento de la presión intraocular (por problemas en el drenaje del líquido del ojo). Esa presión puede dañar gradualmente el nervio óptico. Pero ojo: también puede haber glaucoma con presión “no tan alta”, por lo que no basta con “medirse la presión” una sola vez.
Factores de riesgo (quién debe vigilarse con más razón)
- Edad (especialmente a partir de los 40–60 años)
- Antecedentes familiares de glaucoma
- Algunas condiciones oculares (por ejemplo, miopía en ciertos casos)
- Uso prolongado de esteroides (gotas, pastillas, inhalados, etc., según el caso)
- Ciertos grupos poblacionales tienen mayor riesgo con la edad (por ejemplo, hispanos/latinos mayores).
¿Se puede evitar?
No siempre se puede “prevenir” al 100% porque influyen factores anatómicos y hereditarios. Pero sí se puede evitar llegar tarde, que es lo que lleva a la ceguera.
Piensa en esto como la revisión del coche: no esperas a que el motor “truene” para hacerle servicio. Con glaucoma, el “servicio” es el control oftalmológico regular, aunque te sientas perfecto.

¿Cómo reducir el riesgo de pérdida visual por glaucoma?
Examen oftalmológico completo y periódico (no solo graduación de lentes). La forma más segura de detectarlo es con una evaluación completa del nervio óptico y pruebas complementarias cuando se necesiten.
Si ya te diagnosticaron glaucoma, la constancia es clave: el tratamiento no “cura”, pero puede frenar el daño.
La buena noticia: detectado a tiempo, se controla
Aquí va el mensaje que vale oro: el glaucoma detectado temprano suele controlarse sin mayor problema con seguimiento y tratamiento.
Lo común es iniciar con gotas que bajan la presión y protegen el nervio óptico; en algunos casos se indica láser o cirugía, según el tipo y la etapa.
Señales de alerta (y por qué no hay que esperar a sentirlas)
En glaucoma de ángulo abierto (el más frecuente), puede no haber molestias hasta fases avanzadas.
Aun así, consulta pronto si notas:
- Choques con objetos “de lado”
- Dificultad para ver escalones o bordes
- Sensación de “visión en túnel”
- Cambios progresivos sin explicación
Y si aparece dolor ocular intenso con visión borrosa y halos, eso puede sugerir otro tipo de urgencia (como cierre angular) y amerita atención inmediata.
No olvidar…
El glaucoma es “silencioso” porque puede avanzar sin avisar, pero no tiene por qué convertirse en una tragedia. La diferencia entre conservar visión o perderla suele estar en una decisión simple: hacerte controles regulares con tu médico oftalmólogo de confianza.
Tu visión no siempre da segundas oportunidades… pero el glaucoma, si se detecta a tiempo, sí suele darte margen para controlarlo.
Dra. Odaly Pestano Arévalo
Cirujano oftalmólogo
CP 11741863
CESP 14687930






