
Hidratación Inteligente: Claves para Sobrevivir a la Temporada de Calor

Dra. Alma Itzel Rivascacho Hernández
Cuando las temperaturas suben, la consigna suele ser simple: «bebe más agua». Sin embargo, la hidratación inteligente es un concepto mucho más profundo que implica ajustar el tipo, la cantidad y el momento de la ingesta de líquidos y electrolitos según nuestras necesidades individuales y el entorno.
El cuerpo como reservorio de agua
El agua es el componente más vital de nuestro organismo, pero su proporción cambia a lo largo de la vida. Mientras que un bebé prematuro está compuesto en un 80% por agua, esta cifra se reduce al 60% en jóvenes y adultos, disminuyendo aún más con la edad a medida que aumenta la grasa corporal. Mantener este equilibrio es esencial para nuestras funciones físicas, cognitivas y celulares. (1)
El equilibrio hídrico se mantiene mediante múltiples mecanismos que sincronizan continuamente las pérdidas de agua a través de la orina, la piel, el tracto gastrointestinal y la respiración con las ganancias de agua obtenidas al beber, comer y producir agua metabólica. (2)
Los Electrolitos: Los directores de orquesta
No basta solo con agua; nuestro cuerpo depende de los electrolitos que son minerales esenciales para la vida que cumplen la función crítica de mantener la neutralidad eléctrica en las células y permitir la generación y conducción de potenciales de acción en los nervios y músculos.
Estas sustancias, que provienen de los alimentos y líquidos que consumimos, actúan como los «interruptores químicos» que permiten que el cuerpo realice sus funciones más básicas.
A continuación, se resumen las funciones de los principales electrolitos:
- Sodio (Na⁺): Es el principal catión del líquido extracelular y el responsable de mantener el volumen de los fluidos y regular la presión arterial. Además, es fundamental para regular el potencial de la membrana celular y facilita el transporte de nutrientes, como la glucosa, en el intestino y los riñones.
- Potasio (K⁺): Al ser el ion predominante dentro de las células, es vital para la excitabilidad neuromuscular y la contracción del corazón. Un desequilibrio en sus niveles puede provocar desde debilidad muscular hasta arritmias cardíacas graves.
- Calcio (Ca²⁺): Aunque es conocido por la mineralización ósea, desempeña papeles fisiológicos cruciales en la contracción muscular, la transmisión de impulsos nerviosos, la secreción de hormonas y la coagulación sanguínea.
- Magnesio (Mg²⁺): Este catión intracelular actúa como un cofactor enzimático y es indispensable para el metabolismo del ATP (la energía celular), el funcionamiento neurológico y la liberación de neurotransmisores.
- Cloruro (Cl⁻) y Bicarbonato: Ambos son fundamentales para mantener el equilibrio ácido-base del organismo. El cloruro, además, regula la osmolaridad y los niveles de fluidos, mientras que el bicarbonato es esencial para la neutralidad del pH sanguíneo bajo la regulación de los riñones.
- Fósforo/Fosfato: Es un componente estructural clave de los huesos y dientes (en forma de hidroxiapatita) y un elemento esencial en las vías metabólicas, siendo parte integral del ATP y los nucleótidos.
El mantenimiento de estos niveles es tan preciso que pequeñas variaciones pueden alterar las funciones corporales normales, subrayando la importancia de una hidratación inteligente que reponga no solo agua, sino este delicado equilibrio mineral. (3)
Las señales de alerta: De la sed al golpe de calor
La deshidratación no es una sola; puede ser hipotónica (cuando se pierde más sal que agua), isotónica (pérdida equilibrada, común en diarreas) o hipertónica (pérdida de agua por sudoración excesiva). (4)
Es crucial diferenciar entre el agotamiento y el golpe de calor:
- Agotamiento por calor: Se presenta con sudoración, taquicardia, náuseas, dolor de cabeza y sed intensa. En estos casos, es vital el enfriamiento y la administración de líquidos con sal o bebidas rehidratantes. (5)
- Golpe de calor: Es una emergencia médica donde la temperatura corporal supera los 40.5°C y el sistema nervioso comienza a fallar. Existen dos tipos: el clásico, que afecta a niños y ancianos en ambientes calurosos, y por esfuerzo, típico de deportistas o militares que entrenan bajo el sol. (6) (7)
¿Cuándo el agua es suficiente?
En la mayoría de las situaciones cotidianas, el agua natural es el hidratante por excelencia.
Usted puede optar exclusivamente por agua cuando:
- Realiza actividad física ligera o moderada.
- La duración del esfuerzo es menor a 60 minutos.
- Mantiene una dieta normal, ya que los alimentos sólidos proporcionan el sodio y otros minerales necesarios para el equilibrio celular. (2)
¿Cuándo debemos sumar electrolitos orales?
El cuerpo pierde no solo agua, sino también sales minerales (como sodio y potasio) a través del sudor, especialmente en condiciones extremas. (4)
Es momento de elegir bebidas con electrolitos o soluciones de rehidratación oral (SRO) si:
- Presenta una sudoración profusa o prolongada por más de una hora.
- Realiza trabajo físico intenso o ejercicio de alta resistencia bajo calor y humedad.
- Existen señales de agotamiento por calor, como sed intensa, mareos, náuseas o taquicardia. (5)
- Sufre de pérdidas gastrointestinales, como vómitos o diarrea, donde la pérdida de bicarbonato y sales es acelerada. (9)
Una decisión basada en la salud
Para casos de deshidratación leve o moderada, las soluciones de rehidratación estándar de la Organización Mundial de la Salud (OMS) o una solución de rehidratación comercial son preferibles sobre las preparaciones caseras, ya que su balance de glucosa y electrolitos está diseñado profesionalmente para optimizar la absorción intestinal. (8)(9)
Recuerde que la sed no siempre es un indicador precoz confiable; planificar la ingesta de líquidos es la mejor estrategia para prevenir complicaciones.
En definitiva, la hidratación inteligente es una decisión consciente y preventiva: un hábito que protege la salud, optimiza el rendimiento y nos permite enfrentar con resiliencia los desafíos del clima extremo.
Referencias:
- Sterns, R. H. (2024). General principles of disorders of water balance (hyponatremia and hypernatremia) and sodium balance (hypovolemia and edema). UpToDate. Consultado el 20 de marzo de 2026, de https://sso.uptodate.com
- Dmitrieva, N. I., Boehm, M., Yancey, P. H., et al. (2024). Long-term health outcomes associated with hydration status. Nature Reviews Nephrology, 20(4), 275–294. https://doi.org/10.1038/s41581-023-00707-1
- Shrimanker, I., & Bhattarai, S. (2023). Electrolytes. En StatPearls [Internet]. Treasure Island (FL): StatPearls Publishing. PMID: 31082167.
- Li, S., Xiao, X., & Zhang, X. (2023). Hydration status in older adults: Current knowledge and future challenges. Nutrients, 15(11), 2609. https://doi.org/10.3390/nu15112609
- Ishimine, P. (2025). Heat illness (other than heat stroke) in children. UpToDate. Consultado el 26 de marzo de 2026, de https://sso.uptodate.com
- Platt, M. A., & LoVecchio, F. A. (2025). Nonexertional (classic) heat stroke in adults. UpToDate. Consultado el 26 de marzo de 2026, de https://sso.uptodate.com
- Ishimine, P. (2024). Heat stroke in children. UpToDate. Consultado el 26 de marzo de 2026, de https://sso.uptodate.com
- Freedman, S. (2025). Oral rehydration therapy. UpToDate. Consultado el 20 de marzo de 2026, de https://sso.uptodate.com
- Espinosa García, M., Guerrero, A. D., Durán Cárdenas, C., et al. (2021). Deshidratación en el paciente adulto. Revista de la Facultad de Medicina UNAM, 64(1), 1–8





